OPINIÓN| Musho Betuit

Uno de los mayores problemas de la sociedad en la que vivimos es confundir la realidad con la ficción. Creer que lo que ocurre en una pequeña pantalla de un movil o de un ordenador es la verdad y el mundo real, pero nada más cerca de la realidad. Como dijo Gandalf, “el mundo no está en tus libros y mapas, está ahí afuera”

Y con el Betis pasa algo parecido. Cada día vemos como propios y ajenos vomitan 140 caracteres desde sus mismas entrañas. Con una opinión y la contraria, contra unos o contra otros, pero vómitos al fin y al cabo. Sabiendo que a través de esa red social cualquier opinión, pensamiento o crítica dará la vuelta al mundo y llegará más lejos y tendrá más repercusión que si sales a la calle de tu barrio o pueblo y alzas la voz. Seguramente no te oirá nadie y te volverás a casa con dolor de garganta.

Y twitter es eso. Un arma muy eficaz en cuanto al periodismo se refiere, pero un arma de doble filo pues permite la concentración de tontos más elevada por metro cuadrado. Y si un tonto acostumbrado a que no le echen cuenta en su calle, barrio o pueblo encuentra la manera de que allí sí y encima interactua con otros tontos de otras calles, barrios y pueblos tenemos la coctelera perfecta. Dios los crea y twitter los junta.

Sumado a lo facil que es hablar del Betis y de que, por desgracia y me duele decir ésto, el nivel sociocultural de la mayoría de los aficionados del Betis es bajo. Pero no por ser aficionados del Betis, ni mucho menos, si no por haber nacido en la tierra más pobre del país más pobre del Sur de Europa. La generalización se podría ampliar a cada aficionado de otros clubes andaluces. Como digo, me duele decir esto, pero es una realidad que no tiene nada que ver con el futbol, sería como decir que la mayoría de los cofrades de Andalucía no tienen un alto nivel sociocultural. Y sin estudios ni trabajo, pero con la pared de tu cuarto empapelada de poster de Finidi y Jarni, entiendo que la única preocupación de esa gente es el Betis y viven por y par el Betis como si no hubiera otra cosa más importante en el mundo que el maldito futbol. Pero ¿A donde quiero llegar? Bien. Como hemos dicho antes, twitter es la coctelera de la suma de tontos que ven en esa red social un balcón perfecto donde alzar su voz y que acudan el resto de tontos del mundo. Si a esas opiniones antes silenciadas por el anonimato de un mundo sin esas últimas tecnologías y avances en comunicación, ahora llegan a todos y a todas, la probabilidad de que cualquier opinión con cierta verosimilitud a la realidad se propague como la pólvora, pues en un contexto de bajo nivel sociocultural, cualquier mentira vestida de verdad se convierta en un evangelio para quién no tiene una opinión formada ni la capacidad de pensar por si mismo. Como dijo aquel, no enseñeis a los niños que deben pensar, sino mostrarle las diferentes caras de la verdad y que ellos piensen y crean lo que quieran.

No quiero que os alarmeis ni os quedeis en las malinterpretaciones del anterior párrafo. Cuando me refiero a los “tontos” no estoy señalando a cualquiera con una cuenta de twitter donde exprese su opinión, si no al que, con el cerebro lleno de serrín se gasta la vida insultando a quién no piensa como él, intentando engañar a la gente o jugando a Divino Salvador del Mundo Bético. Si aun así alguien se siente aludido, que alze la mano y se retrate él solo.

Hablar en twitter es muy sencillo. Animar en twitter es facil. Arreglar el mundo en una pantalla de ordenador es la evolución de la barra de bar de cada lunes (No confundir el bar con el VAR, aunque sean parecidos), pero en este país de pandereta es muy sencillo alentar a las masas desde el sofá de casa, sin más esfuerzo que el de mover los pulgares sobre la pantalla tactil de un smartphone pero a la hora de la verdad, en el sofá se está muy bien y no se pasa calor ni te mojas si llueve.

Pero éstos tienen los días contados. Gracias al pacto con Luis Oliver, esta gente ya no tendrá la excusa de estar atados de pies y manos. Cualquier abonado podrá comprar una, dos o mil acciones si le da la gana, unirse con otros accionistas, crear un proyecto e intentar hacerlo mejor que contra los que le cantan dimisión. Y si plataformas, y tontos twitteros no están a favor del pacto no es ni por darle dinero a Oliver ni pactar con él, si no porque se les acabará el chollo de estar detrás de una foto de perfil y un nick que en nada se parece a su nombre y apellidos y a la mínima exigencia cualquiera podrá decirle “compra acciones y preséntate” y deberán callarse. Porque twitter está lleno de entrenadores, directores deportivos y presidentes.

Pero tener por seguro que no lo hará, que seguirán buscando la excusa para no salir de su sofá y luchar de verdad contra tales injusticias que nos intentan vender y nos bombardean 24 horas al día 365 días al año y sin descanso… Que intensidad, cualquiera diría que les pagan por hacer eso.

Y eso es lo que pasa, que cada partido del Betis de aquí a final de temporada se va a convertir en una guerra contra todos y entre todos. Entre los que piensan de una forma y de otra, entre los exigentes y los pacientes, entre los loperistas y los de Haro y Catalan, y todo eso por delante de animar al Betis que se está jugando la temporada y el Villamarín mirando como si fuera una carrera de cuádrigas. Que ya no se canta ni el himno, que ya no se aplaude ni al salir a calentar. Que ayer el Betis jugaba de visitante.

Lo dije ayer durante el partido y lo vuelvo a decir ahora que precisamente lo tengo en la tele puesto: El público de La Ruleta de la Suerte anima más que el Villamarín.

 

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